segunda máxima

"No fui al doctor", pronunció preocupado el joven.

"¿Y todavía puedes ir?", le cuestionaron.

El joven dijo que sí moviendo la cabeza de arriba a abajo.

"Entonces ¿por qué no mejor decir que irás si aún puedes y quieres ir?", le cuestionaron nuevamente.

"Tengo que ir al doctor", dijo el joven.

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Y surgió así la segunda máxima: "Enuncia para que sucedan las cosas. Ábrele la puerta a las posibilidades".